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No importa cuántas veces les digas que coman verduras, si tú cenas frente al televisor con comida rápida. No basta con repetirles que hagan ejercicio, si te ven pasar horas sentado sin moverte.
Porque tus hijos —aunque no siempre lo parezca— te están viendo. Y están aprendiendo de ti todo el tiempo.
La salud también se hereda, pero no solo en los genes. Se hereda en los hábitos. En lo que comen, en cómo duermen, en la forma en que entienden el cuerpo, el descanso, el estrés y la enfermedad.
Y ese aprendizaje, el que no se dice pero se ve todos los días, es uno de los legados más poderosos —y más invisibles— que dejamos a nuestros hijos.
Estudios confirman que los hijos de padres que cuidan su alimentación, hacen ejercicio y priorizan su salud mental tienen menos probabilidades de desarrollar enfermedades crónicas, independientemente de su genética.
No se trata de perfección. Se trata de ejemplo.
El momento en que decides dejar el refresco y tomar agua. El día que caminas en lugar de subir al coche. La noche que apagas el celular y priorizas el descanso. Todo eso enseña. Todo eso impacta.
Y lo más importante: enseña sin palabras.
Porque los niños, más que obedecer lo que decimos, imitan lo que somos.
Este mensaje no es para asustar. Es para recordar que, en medio de la rutina, también podemos formar generaciones más sanas, más conscientes y más conectadas con su bienestar.
Y no hace falta ser experto en salud ni tener recursos infinitos. Basta con coherencia, pequeños gestos y constancia.
Tus hijos no recordarán todos los consejos que les diste. Pero sí recordarán lo que vieron.
Y si vieron a alguien que se cuidaba, que se escuchaba, que se respetaba… es muy probable que también aprendan a hacer lo mismo.
Porque el cuerpo que habitas también es una lección.
Y la mejor herencia que puedes dejar no siempre está en una cuenta bancaria…
A veces está en una ensalada, en una caminata, o en una decisión valiente de ir al médico a tiempo.
#fernandopadillafarfan
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